
Hace poco más de un año investigadores japoneses
lograban convertir células adultas de la piel de ratones en células
madre como las embrionarias. Este mismo equipo y otro grupo de
investigadores han conseguido obtener resultados similares con células
humanas para posteriormente cultivarlas y diferenciarlas en varios tipos
de tejidos como el nervioso o el cardiaco. Aunque algunos científicos
han manifestado que esta técnica podría sustituir a la transferencia
nuclear, o clonación, otros sentencian que este método abre un camino
paralelo para conocer cómo funciona el cuerpo humano y poder así
desarrollar tratamientos para enfermedades que no tienen cura hoy día.

En julio de 2006 el equipo de Shinya Yamanaka publicó en la revista 'Cell'
los primeros resultados
de una investigación en la que insertando cuatro factores de
transcripción (genes que producen proteínas que a su vez controlan la
actividad de otros genes) en las células de la piel de ratones se
convierten en células madre como las embrionarias. Unos meses después
demostraron que
esas células son capaces de transformarse en diferentes tipos de tejidos. Desde entonces, han sido varios los grupos de científicos que han repetido esta metodología también en animales.
Pero el paso definitivo, que era
conseguir los mismos logros con células humanas,
lo han dado los científicos japoneses al mismo tiempo que otro equipo
de Estados Unidos. Por un lado, la revista 'Cell' publica el nuevo
trabajo del equipo de Yamanaka y por otro, 'Science' recoge los datos
del grupo liderado por James Thomson, de la Universidad de Wisconsin
(EEUU). Los dos han utilizado un proceso similar, aunque no idéntico,
para reprogramar las células adultas de la piel.
El doctor Yamanaka y sus colaboradores de la Universidad de Kyoto
(Japón) han utilizado los mismos factores de transcripción que emplearon
en las células de ratones, Oct3/4, Sox2, Klf4 y c-Myc (este último un
oncogen), sólo que esta vez se ayudaron de un receptor (una proteína,
Slc7a1) para mejorar la eficacia de la técnica en humanos.
Estos genes fueron insertados con la ayuda de retrovirus en células de piel humana
y posteriormente se colocaron en un medio de cultivo de contenido
animal. Pasados 25 días, las células adultas se habían reprogramado para
convertirse en células madre como las embrionarias aunque no iguales a
ellas, por este motivo se las denomina
células de pluripontencialidad inducida
(iPS, sus siglas en inglés). Tras colocar estas iPS en diferentes
medios de cultivo, se demostró su capacidad para transformarse en
diferentes tejidos como el nervioso y el cardiaco.
Posteriormente, probaron la misma técnica pero en lugar de emplear
piel utilizaron células del tejido sinovial humano (presente en las
articulaciones). El método también logró reprogramar con eficacia estas
células adultas.
Otros genes, pero similar resultado
Por su parte, el equipo liderado por James Thomson, de la Universidad
de Wisconsin (Madison, EEUU) y el primer científico que consiguió
extraer células madre de embriones humanos en 1988, ha realizado un
trabajo similar cuyos resultados han sido publicados en la revista
'Science'.
La técnica utilizada por estos investigadores se basa en la de Yamanaka
pero en lugar de utilizar los mismos genes, han empleado dos de ellos
(el Oct4 y el Sox2) y otros dos diferentes (el NANOG y el LIN28).
Con la ayuda de lentivirus (otro tipo de patógenos), insertaron los
genes en células adultas de la piel de fetos y de recién nacidos y, tras
cultivarlas durante un mínimo de 20 días, obtuvieron células
pluripotenciales.
Con este método se abre una nueva vía para la obtención de
células madre
pluripotentes sin necesidad de utilizar embriones humanos ni recurrir a
la clonación terapéutica. No obstante, esta posibilidad no es tan
factible hoy día debido a los problemas que esta técnica conlleva si se
utilizara para su aplicación en humanos.
Una limitación de ambos trabajos es que el uso de esta técnica
conlleva el empleo de virus (retrovirus o lentivirus) para insertar los
genes en el núcleo de las células adultas. Esto significa que
el material genético del virus se mezcla con el ADN celular sin conocer qué implicaciones puede tener este hecho. Este hecho bloquea su uso fuera del laboratorio, es decir,
la metodología no se podría utilizar en pacientes. Además, tampoco hay que olvidar que también
conlleva un riesgo de desarrollar tumores.
No obstante, estos científicos apuntan que, a pesar de esas limitaciones, sus estudios "
abren
la puerta a una avenida [de trabajos] para generar células madre
pluripotentes específicas para ciertas enfermedades y pacientes.
Incluso con la presencia de retrovirus, las células iPS humanas son
útiles para comprender los mecanismos de la enfermedad, probar fármacos y
su toxicidad", concluye Yamanaka.